"Nos falta Santa Claus"
Esta historia sucedió hace siete u ocho años en Holanda, donde a Papá
Noel le llaman Santa Claus. Es una historia secreta que me contó su
protagonista. Pocos la conocen. Al publicarla, me comprometí a respetar la
confidencialidad, y por eso he cambiado los nombres y algún detalle más. Lo
demás es todo cierto… o así parece.
Faltaba poco para la Navidad y Willem Van Dijk, director general de
una cadena de grandes almacenes, se reunió con sus directivos para organizar
los últimos detalles. Como sucedía
siempre en estas fechas, la gente abarrotaría las tiendas y las ventas se
multiplicarían, pero se necesitaba un esfuerzo extra para que todo funcionara
bien y se cumplieran los dos grandes objetivos: vender mucho y que los clientes
estuvieran a gusto, se fueran muy satisfechos y desearan volver a lo largo del
año.
Comenzó la reunión repasando cosas que para satisfacción de todos
estaban resueltas, pero cuando le llegó el turno, el director de recursos
humanos activó la alarma:
--- “Nos falta Santa Claus”
--- “¿Cómo?” --- interrogó Willem, sin querer creérselo.
--- “Así es” --- confirmó el director --- “No hemos encontrado a nadie
que tenga el perfil adecuado”.
--- “Pues hay que solucionarlo como sea” --- sentenció Van Dijk ---
“Es muy importante tener a Santa Claus para atender a los niños. Es Navidad, y
Santa es el principal protagonista. Si es necesario, ofrece más dinero”.
--- “Ya lo hemos hecho, pero no es cuestión de dinero. Los que se
ofrecen no quieren trabajar tantas horas, o carecen del carisma y la empatía
que exige un buen Santa Claus”.
--- “¿Entonces?”
--- “No sabemos qué hacer” --- contestó el director de recursos
humanos encogiéndose de hombros --- “Tampoco podemos poner a nuestros propios
empleados; los necesitamos en sus departamentos; y, además, los chicos podrían
reconocerlos”.
Alguien sugirió poner un anuncio, pero la idea era descabellada, ya
que los niños podrían leerlo y se les caería el mundo encima. Otras ideas
también fracasaron, y la reunión terminó sin una solución.
Willem Van Dijk estaba muy preocupado. El problema era grave y había
que solucionarlo pronto. Esa noche, ya en la cama, le dio vueltas y más vueltas
sin que se le ocurriera nada, y tardó mucho en quedarse dormido. Algo debió
suceder entonces, porque pasadas unas pocas horas, todavía de noche, despertó
de repente con una idea que le pareció brillante: ¡contratar al verdadero Santa
Claus! “¿Quién mejor que él para hacer esa función?” --- razonó --- ¿Por qué
buscar a un sustituto, pudiendo tener al Santa Claus auténtico?”. Atrapado en
su euforia, se convenció de que ese sería un auténtico bombazo, una jugada
perfecta, algo verdaderamente innovador que nunca había hecho nadie.
Existía un problema, claro: ¿cómo localizarlo? Recordó que Santa Claus
vive en el Polo Norte, y enseguida llamó a un antiguo socio que vivía en
Finlandia para pedirle ayuda. Este, sin salir de su asombro, porque además eran
las cuatro de la madrugada, le dijo que haría unas gestiones, pero en realidad
pensó que Willem le tomaba el pelo o, como insistió tanto, que estaba borracho
o se había vuelto loco. Pasadas unas horas, como Willem no hacía más que
llamarle para preguntarle como iban las gestiones, decidió decirle que ninguno
de sus contactos en el Polo Norte sabía cómo encontrar a Papá Noel, y así se lo
quitó de encima.
Como podéis imaginar, Willem no se dio por vencido. Cuando tenía una
idea que le convencía, la perseguía hasta hacerla realidad, y ese era el caso.
Visualizaba al verdadero Santa Claus sentado a la puerta de su tienda
principal, y no pararía hasta lograrlo; o al menos, hasta haberlo dado todo
intentándolo. Llegó muy pronto a la oficina y, sin perder un minuto, encargó a
todos sus directivos que lo dejaran todo y buscaran por donde fuera la
dirección del verdadero Santa Claus.
--- “¿Cómo…?”
--- “Sí, sí; lo que habéis oído; la dirección de Santa, del verdadero.
Me da igual que sea una dirección postal o el email; mejor el email, sí; o el
número de teléfono…”.
Como el amigo de Finlandia, los directivos estaban perplejos. Sabían
de las ocurrencias extravagantes que de vez en cuando tenía Willem, pero esta
locura sobrepasaba los límites habituales. Ahora bien, si el jefe insistía, se
hacía --- o se aparentaba hacer --- lo que hiciera falta para tenerlo contento
y no caer en desgracia. Buscaron durante todo el día, pero nadie encontró nada,
y algunos pensaron que había una cámara oculta y se trataba de un juego de
algún gurú del coaching para probar su lealtad y potenciar la tolerancia a la
frustración y la perseverancia.
Sobre las seis de la tarde, Willem abandonó su despacho muy
desmoralizado, convencido de que su genial idea no podría realizarse. Mientras
bajaba en el ascensor se dijo a sí mismo que era un idiota, un iluso por querer
creer que Santa Claus existe, un romántico de la Navidad pasado de moda. No le
importaba lo que los demás pensaran de su loca idea, pero se sentía muy abatido
por lo que implicaba haber fracasado, ya que, más allá de no haber encontrado
una dirección, confirmaba que, como cualquier adulto sabía, Santa Claus era
sólo un personaje de ficción. También él lo sabía, pero esa mañana había vuelto
a creer en él, a sentir esa emoción tan especial que, como le sucedió cuando
era niño, y les ocurre a casi todos los niños, no quería que le abandonara
nunca.
Salió del ascensor completamente hundido, ensimismado en su
desilusión, sin percatarse de los espectaculares adornos navideños. Aun así, al
pasar por el mostrador de la entrada, escuchó como Anneke, la recepcionista, le
reclamaba:
--- “¡Meneer Van Dijk! ¡Meener Van Dijk!”.
--- “Dígame, Anneke” --- respondió él, más por respeto que por interés,
con la cortesía que le caracterizaba con todos sus empleados.
--- “¿Qué hacemos con estas cartas?” --- preguntó la mujer mientras le
enseñaba un puñado de cinco sobres --- “Las han traído unos niños diciendo que
son para Santa Claus”.
--- “¿Tu crees en la Navidad, Anneke? ¿Crees en Santa?” --- preguntó
Willem mientras cogía las cartas.
La chica se quedó callada, sin saber qué decir. Van Dijk continuó:
--- “Cuesta creer, ¿verdad? Pero estos niños sí creen, y no podemos
fallarles. Sin embargo, llevamos todo el día buscando la dirección de Santa
Claus y no ha habido manera de encontrarla”.
A Anneke le sorprendió esta confesión, pero sintió una emoción intensa
que hacía tiempo había olvidado.
--- “Bueno, en esas cartas hay escrita una dirección” --- dijo muy
convencida de que podría ser una pista.
Willem revisó los sobres; y era cierto, había una dirección; y en
todos los sobres, ¡la misma! Al instante, se llenó de adrenalina y, preso de su
agitación, bombardeó a la chica con sucesivas preguntas que no le daba tiempo a
contestar.
--- “¿Quién ha traído esto? ¿Ha sido el mismo niño, o han sido varios?
¿Venían juntos? ¿Quiénes eran? ¿Cuándo ha sido? ¿No serán los hijos de alguno
de los directivos? ¿Cómo es posible que no hayamos sido capaces de encontrar
esa dirección y unos niños la tengan? ¿Dime, Anneke?”.
--- “Puede que sea el secreto de la Navidad” --- resumió Anneke.
Emocionado, se llevó las cartas y, ya en su casa, sin ni siquiera quitarse
el abrigo, escribió a Papá Noel. Le explicó la situación y, sin más rodeos, le
propuso que fuera él quien atendiera a los niños en el edificio principal; y,
si además pudiera ser, que sus ayudantes lo hicieran en las sucursales.
Después, dándose mucha prisa, fue personalmente a la oficina central de correos
y envió la carta a la dirección que había copiado de los sobres de los niños,
que también echó. Satisfecho, regresó a su casa y, quizá por la tensión que
había acumulado durante todo el día, enseguida se metió en la cama y, con una
gran sonrisa que ya no le abandonaba, muy pronto se durmió.
A la mañana siguiente, llegó pronto a su despacho y encontró sobre la
mesa un sobre de color rojo adornado con un árbol de Navidad. Al verlo, se
sobresaltó, y aunque pensó que todavía era muy pronto para que Santa Claus le
hubiera respondido, estaba tan emocionado y tan impaciente que, sin esperar más,
abrió el sobre y… ¡Oh!
Querido
Willem:
Hohohoho!!!
Gracias
por creer en mí. Sé que siempre lo has hecho, qué crees en el espíritu de la
Navidad y lo practicas durante todo el año con tu generosidad y el amor por los
demás, tratando a todos los que te rodean con respeto y poniendo de tu parte
para que se sientan personas valoradas y dignas. La magia de la Navidad es esa,
y hay que aprovecharla para recargar las pilas de energía positiva y ser
mejores personas. Respecto a tu proposición, te estoy muy agradecido y sería un
honor atender a los niños directamente, pero como puedes imaginar, en estos
días el trabajo se me multiplica y no tengo más remedio que delegar. En tu
caso, te propongo que seas tú mismo quien me sustituya, y que en las sucursales
pongas a tus mejores directivos. Será una gran experiencia, pero también una
enorme responsabilidad. Aprovecha para escuchar a los niños y aprender de esa
ilusión que te transmitirán. Ponte en su lugar, deja que te sientan cerca, y
usa tu influencia para que valoren lo que tienen. Te encargo esta misión porque
me preocupa ver cómo se cultiva el egoísmo de los niños dándoles todos los
caprichos, sin enseñarles a compartir y pensar en los demás. Piensa en cómo lo
harás, pero, sobre todo, entrégate sin reservas, haz de esta tarea algo
verdaderamente especial, porque no hay nada más grande que hacer felices a
quienes te acompañan.
Un fuerte
abrazo, hohohoho!!!
Santa
Claus
Se quedó de piedra. Preguntó quién había traído la carta y nadie lo
supo. Tampoco sabía nadie que él había escrito a Santa Claus, así que… En fin,
decidió no darle más vueltas y pasar a la acción. Llamó a sus cinco directivos
principales y les explicó el plan. Creyeron que era una broma, pero enseguida
vieron que iba muy en serio. Era evidente --- así pensaron --- que estaba loco
de remate, pero cualquiera se lo decía.
Ese mismo día se retiraron a una casa rural para prepararlo todo. Allí,
durante tres días, ensayaron sin descanso mediante role-playings que dirigió un afamado especialista, y a la semana
siguiente, con el traje rojo, gorro incluido, y la larga barba blanca, ya
estaban sentados a la puerta de sus grandes almacenes atendiendo a cientos de
niños ilusionados que esperaban en interminables colas. Muchos más que
cualquier otro año. Los trabajadores de los almacenes no sabían que eran ellos,
pero se percataron de que algo --- para bien --- había cambiado, y los niños
estaban encantados. Para los “Santa Claus”, el trabajo era agotador, con largas
jornadas sin interrupción y apenas unos minutos para lo más básico; pero fue
una experiencia muy gratificante que impactó a todos. Cuando llegó el día de
Nochebuena y los almacenes cerraron, todos coincidieron en que hacer de Santa
Claus había sido algo verdaderamente extraordinario.
Meses más tarde, en una encuesta de clima laboral entre los empleados,
sorprendió la calificación tan alta que los encuestados dieron a los cinco
directores que, sin saberlo ellos, habían sustituido a Santa Claus. Muchos
fueron los que destacaron su capacidad de escuchar, de comunicarse con
educación y respeto, de preocuparse por las situaciones personales de los
trabajadores, de crear un clima agradable en el que estos se sentían valorados
y de fomentar el trabajo en equipo frente al individualismo que predominaba
antes. ¿Milagro?
Willem escribió a Santa Claus para darle las gracias. Santa estaba de
vacaciones y tardó en responderle, pero finalmente, llegó la carta:
Querido
Willem:
Me alegro
mucho de que todo haya salido bien, pero en realidad yo no he hecho nada.
Habéis sido tú y tus directivos los que habéis tenido la humildad de sentaros a
la puerta de los almacenes para aprovechar el espíritu de la Navidad. Espero
que ese espíritu mágico siga estando presente durante todo el año. Por cierto,
creo que necesito reciclarme un poco. ¿Podrías reservarme unos días, la próxima
Navidad, para atender a los niños en una de tus tiendas?
Hohohoho!!!
En una ciudad de Holanda se dice que hay unos grandes almacenes en los
que el Papá Noel que está en la puerta es el verdadero Santa Claus. Y aunque
suele coincidir con viajes a paraderos desconocidos de Willem Van Dijk y
algunos de sus directivos, nadie lo ha relacionado.
Prettige
Kerstdagen (Feliz Navidad)
Chema Buceta
24-12-2018, víspera de Navidad.
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