domingo, 25 de enero de 2015

MI HIJO TIENE QUE JUGAR SIEMPRE

                                      Alguien tiene que sentarse en el banquillo. ¿Algunos, nunca?




(Este es un pequeño adelanto de un fragmento de mi nuevo libro “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” que se publicará en breve, dirigido a padres de deportistas jóvenes y recomendado a entrenadores, directivos, psicólogos y quienes tienen responsabilidades en el deporte de base)


Uno de los principales valores que puede desarrollar el deporte colectivo es trabajar en equipo. Esto supone, en primer lugar, aceptar que no eres tú solo, sino que tienes que cooperar con tus compañeros y adaptarte a la directriz común que el entrenador señala, que puede no ser la que a uno le gusta. Hay chicos y padres que lo comprenden bien desde el primer momento. A otros les cuesta más. Muchos lo entienden cuando les favorece, pero no cuando les perjudica. Algunos no llegan a comprenderlo, o no quieren comprenderlo, y van a su bola. Estos últimos, salvo que sean verdaderamente excepcionales, e incluso siéndolo, es difícil que avancen y lleguen lejos. La cooperación y el sentido de equipo son clave; y tarde o temprano, tanto en el deporte como en otras facetas de la vida, todos necesitamos ayudar y ser ayudados, por lo que aprender a trabajar en equipo es algo muy valioso.

Uno de los asuntos más relevantes en un equipo deportivo es el de la titularidad y la suplencia. Según pinte, es una de las principales fuente de satisfacción, descontento o queja de jugadores y padres. En la gran mayoría de los casos, los que juegan más en los partidos (y sus padres) están más satisfechos que los que juegan menos (y sus padres). Es lógico. Lo que los jugadores quieren es jugar. Para eso están ahí. Algunos se sienten cómodos jugando poco, pero son una minoría. Si estás en un equipo de fútbol, vas a entrenar dos, tres o cuatro días a la semana y tienes un partido los sábados, lo que quieres es jugar ese partido; y si puede ser entero, mejor. Una sana aspiración que denota interés y motiva para esforzarse y ganarse el puesto; pero que si no se satisface mínimamente, puede provocar frustración, desmotivación y el abandono de la actividad. Como es obvio, no todos los jugadores de la plantilla pueden jugar siempre todo el partido; pero si un chico apenas juega, sobre todo en las edades más tempranas, lo normal es que se aburra, se enfade, se desanime, y si tiene otra alternativa que le atraiga, pierda interés por el deporte y acabe retirándose.

Ahora bien, los chicos deben disponer de tiempo de juego en los partidos siempre que se lo ganen. En ocasiones, la idea de que todos tienen que jugar con independencia de su nivel deportivo ha sido mal interpretada. He visto defender que cuando se trata de chicos pequeños, en los partidos tienen que participar todos aunque falten a entrenar sin causa justificada, se pasen el entrenamiento molestando a los demás, desobedezcan al entrenador o no se esfuercen. Un gran error educativo. Jugar es el premio que hay que ganarse con el comportamiento y el esfuerzo durante la semana. Se puede admitir que un niño tenga menos condiciones o juegue peor que los compañeros, pero no que falte, sea impuntual, se comporte mal o no se esfuerce dentro de lo razonable. Si se pretende que el deporte no sea simplemente una actividad de ocio, sino una poderosa herramienta educativa para el propio deporte y la vida en general, es clave vincular la participación en los partidos a estos elementos. Si el chico cumple, se comporta correctamente y se esfuerza en los entrenamientos, se le premia con un tiempo de juego razonable. Si no es así, no se le puede equiparar a los compañeros que cumplen, se comportan y se esfuerzan. La lección pretende que el muchacho aprenda que el premio tiene un coste que depende de él, que se debe respetar a los compañeros que cumplieron y que podrá jugar cuando cumpla como ellos. Asimismo, es muy conveniente que sea el que sea el nivel deportivo, todos los jugadores pasen por el banquillo y vivan esa experiencia. Así, aprenderán a estar en un equipo remando desde las posiciones que menos gustan y comprenderán mejor a los compañeros que en su momento sean suplentes.

El club y el entrenador deben decidir cuáles serán los criterios sobre la titularidad/suplencia y el reparto del tiempo de juego que aplicarán en sus equipos, y explicárselo bien a los deportistas y a sus padres desde el primer momento. Una regla básica: no mentir. Algunos entrenadores dan falsas esperanzas diciendo, por ejemplo: “si entrenas bien, vas a jugar de titular”, cuando en realidad tienen claro que no cuentan con ese jugador porque en su puesto hay otros dos en los que confían más. Aunque no guste oírlo, y para el entrenador resulte más violento decirlo, jugadores y padres aprecian más la dura verdad que una mentira esperanzadora que tarde o temprano se descubrirá. La verdad permite que cada uno asuma su situación con realismo, y a partir de ahí, decida y actúe. “Si mi hijo y yo sabemos que el entrenador no cuenta con él, nos podemos plantear cómo aprovechar mejor la temporada sin llevarnos un disgusto cada semana cuando vemos que el chico no está en la alineación”, me dijo Arturo, padre de un futbolista de 16 años que apenas jugaba a pesar de las promesas que le habían hecho cuando le ficharon.

La participación en las competiciones es fundamental en cualquier edad, ya que de otra forma, la motivación y el esfuerzo de los deportistas ve﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ edad, ya que de otra forma, la motivaci pertenecer a un equipo de nivel deportivo mo no se le trata justamente,decaerán. Lo más apropiado es que en las edades más tempranas, la titularidad y el tiempo de juego se vinculen al cumplimiento en los entrenamientos, el esfuerzo, el compañerismo y el buen comportamiento, que deben predominar sobre el nivel deportivo; y que este último adquiera más peso progresivamente, en la medida que los deportistas maduren. A partir de la categoría cadete (15-16 años), y sobre todo en la etapa juvenil/junior (a partir de los 16 ), los chicos deben exponerse a la realidad de su deporte (por ejemplo, jugar poco) y aprovecharla para endurecerse y crecer. Sea este o cualquier otro el criterio a seguir, los clubes/entrenadores deberían informar a los padres sobre su política de titulares/suplentes y reparto del tiempo de juego, de forma que estos puedan comprender las decisiones del entrenador y ayuden a que sus hijos entiendan, acepten y sobrelleven su situación actuando de la mejor manera posible para aprovechar la experiencia. Y si los clubes/entrenadores no lo hacen, es muy oportuno que los padres lo pregunten.

(“No por ignorar la lluvia, deja de caer el agua”. Se quiera o no, los padres son parte activa del deporte de sus hijos. Darles información y tener una comunicación abierta con ellos son aspectos fundamentales para que se involucren favorablemente y sumen).


Chema Buceta
25-1-2015

@chemabuceta

lunes, 5 de enero de 2015

UNA HISTORIA DE LOS REYES MAGOS

                                        Objetivos realistas que se consiguen  paso a paso



Una horas antes de que los Reyes Magos nos obsequien con sus regalos, se ha filtrado lo que sucedió hace unos meses en una de las reuniones que Sus Majestades celebraron para establecer sus objetivos y organizar el trabajo. Al parecer, entre los asuntos tratados, se habló de un informe del departamento de quejas y sugerencias que dirige su fiel colaborador Hakí Miza Patto. Tras leerlo, Gaspar expuso su preocupación por una queja que cada año aumentaba y aún no habían sido capaces de resolver.

--- Son cientos de miles los que nos mandan cartas quejándose de lo mismo --- subrayó --- Nos piden deseos que quieren cumplir, y después no lo consiguen.

--- Bueno, nosotros sí cumplimos ¿O no? --- intervino Baltasar --- Otra cosa es que ellos no pongan de su parte. Una cosa es que seamos magos y otra que les solucionemos todo.

--- En parte tienes razón, Baltasar --- señaló Gaspar --- Pero si estuviera en nuestras manos mejorar este servicio, deberíamos intentarlo. ¿O es mejor que nos conformemos y les echemos toda la culpa a ellos?

--- Llevamos más de dos mil años superándonos para poder cumplir con nuestros objetivos, y nunca nos hemos conformado --- apuntó Melchor. Si nos hubiéramos acomodado, seguiríamos llevando regalos únicamente a Belén y como mucho a los pueblos vecinos. Sin embargo, nuestra empresa se ha extendido por casi todo el mundo como ninguna otra, y la clave ha sido no conformarnos. Si hay un problema, se resuelve. Y si no se puede resolver del todo, se minimiza todo lo posible. Esa es la actitud. Aquí, ¡de brazos cruzados, nada!

A partir de tan contundente argumento, los tres estuvieron de acuerdo en que había que ponerse manos a la obra, y no dudaron en llamar a la maestra Tess Kucho, una de sus principales asesoras (quizá, sin saberlo, una de las pioneras del Coaching actual) para que les ayudara a reflexionar. Así, mientras Tess los escuchaba, repetía y resumía lo que iban diciendo, sin darles consejos, pues tenía claro que eran ellos quienes debían hallar la solución, Sus Majestades de Oriente compartían en voz alta lo que pensaban y se esforzaban para encontrar el camino que les hacía falta.

--- Está claro que no hemos sabido acertar con los regalos --- apuntó Baltasar --- Si pedían el deseo de hacer ejercicio físico con regularidad, les regalábamos un chándal o unas zapatillas, pero por lo visto no era suficiente…

--- Sí, sí, es verdad --- confirmó Gaspar --- Y cuando nos han dicho que querían emprender un nuevo proyecto profesional, les hemos llevado una cartera de piel de Ubrique, cajas de tarjetas de visita con su nombre o un ordenador portátil…

--- Jajaja --- se carcajeó Melchor --- Recuerdo a un chico de Molino Grande de los Conejos que deseaba tener más amigos, ¡y le regalamos un lote de colonia y desodorante! jajaja…

--- ¿Y ese otro que quería dejar de fumar y le dejamos un libro de autoayuda? --- recordó Baltasar --- ¿Cómo se llamaba el libro?  ¡Sí! “Como dejar el humo con la voluntad y la disciplina de Atila el Huno”. Jajaja… ¡Por el mismo niño Jesús que estaba en el pesebre! Jajaja… No me extraña que haya quejas.

--- Bueno, no es fácil esto de los buenos propósitos. Según he leído en el Belen Star News, tras un inicio entusiasta, la mayoría abandona --- informó Gaspar.

La filtración de esta trascendente conversación no incluye todos los detalles, ya que al parecer algunos trozos de la grabación se perdieron. No obstante, se sabe que con la valiosa ayuda de Tess Kucho, los Reyes continuaron con sus elaboradas disquisiciones. Aunque el asunto tenía una solución difícil, habían decidido salir de la zona de confort para encontrar un regalo que aún no siendo la panacea, pues era cierto que los destinatarios debían hacer el mayor esfuerzo, contribuyera al cumplimiento de esos deseos que les solicitaban.

--- Fijaos en nuestra trayectoria --- señaló Melchor --- Desde ese día en Belén, nos propusimos llevar regalos a todos los que nos escribieran y se portaran bien. Un objetivo muy ambicioso que parecía imposible. Pero lo hemos logrado dando un paso tras otro. De menos a más. Poco a poco.

--- Así es --- confirmó Gaspar --- Es verdad que entonces no había tantos habitantes, y además muy pocos nos conocían, por lo que los pedidos no eran tan numerosos, pero si hubiéramos pretendido llegar a tantos hogares como ahora, seguro que habríamos fracasado.

--- Ajá; si hubierais pretendido llegar  a tantos hogares como ahora, habríais fracasado… --- repitió Tess para que los Reyes reflexionaran sobre lo que Gaspar acababa de decir.

--- Sí, sí: correcto. Crecimos paso a paso. Y así pudimos ir consiguiendo los objetivos que nos proponíamos, y aprender de los bueno y lo malo que hacíamos --- confirmó Baltasar.

--- Y no ha sido fácil --- intervino de nuevo Gaspar --- Hemos tenido que superar muchas dificultades, pero creo que la clave ha estado, y sigue estando, en saber anticiparlas. Siempre pensamos qué nos puede estropear el plan, y así estamos preparados.

--- Sí, sí: y también ha sido decisivo que nuestros objetivos fueran realistas. ¿Recordáis ese año que nos dio por repartir todos los regalos antes de las dos de la mañana para poder regresar a Oriente esa misma noche y desayunar en casa?  --- recordó Melchor --- ¡Menuda obsesión nos entró! Menos mal que nos preguntamos si eso era realista, nos dimos cuenta de que no lo era y organizamos otro plan que se pudiera cumplir.

--- Eso es. ¡Ah! Y otra cosa que hemos hecho bien es organizar el tiempo de que disponemos --- añadió Gaspar --- ya que de otra manera no podríamos atender tantos encargos.

--- Bueno, todo es estupendo --- señaló Baltasar --- Pero no se trata de que los demás hagan lo mismo porque nos haya ido bien a nosotros. Cada uno debe encontrar su propio camino.

--- Eso es cierto, Baltasar --- asintió Melchor (y con la cabeza, también Gaspar) --- No tienen que copiarnos, pero de esta conversación quizá puedan surgir algunas ideas…

De esta conversación, no se ha sabido más. Kabal Ghata, una de las principales ayudantes de Sus Majestades, ha puesto en marcha la operación "Camello Chivato" para descubrir al infractor que difundió esta información tan confidencial, por lo que este habrá decidido no revelar aún todo el material del que dispone. Sin embargo, amanece ya el seis de enero en Australia, y me llegan las noticias de españoles que viven allí y son fieles a los Reyes Magos. Transcribo parte del email que me envía un buen amigo desde Canguro Beach.

Querido amigo:

Este año, harto de jerséis que jamás me pongo, le pedí a los Reyes Magos unos cuantos deseos. Ya sabes, esos proyectos que hacemos a primeros de año y enseguida olvidamos. Pensé que la magia de los Reyes podría ayudarme a… (omito los deseos).

El caso es que me he levantado y junto a mis zapatillas de running que me trajeron el año pasado y casi no he usado, he visto un paquete grande. Por supuesto, lo he abierto, y ¿qué dirías que es? Aunque dijeras cien cosas, no lo acertarías, jajaja. ¡Es un puzzle! Sí, sí, un puzzle. ¿A que no te lo esperabas? Recuerdas una vez… (aquí se enrolla con otro asunto que no viene al caso y también omito).

Bueno, la curiosidad me ha podido y me he puesto a construir ese puzzle sin descanso. Jajaja, como un poseso! Bueno, te explico en qué consiste (por fin!!!). Cuando se encajan las piezas aparece una escalera con varios peldaños y cuatro barandillas que la dividen en seis partes, como si fueran seis columnas. ¿La puedes imaginar? Quizá te sea más fácil irlo dibujando al tiempo que lo vas leyendo. Te mandaría una foto, pero ayer se me cayó el móvil al mar cuando… (omito).

En la columna de la izquierda, junto al peldaño más alto, dice: “Aquí quiero llegar” y junto a los demás peldaños, dice: “por aquí tengo que pasar”. Se supone que el peldaño más bajo es el primer paso para llegar al siguiente, y así sucesivamente hasta alcanzar el final de la escalera. No sé si te estás enterando. ¡Dibújalo, hombre! En la segunda columna de la izquierda, pone “mis objetivos”, y el resto está en blanco. Junto al puzzle vienen unos rotuladores y dicen las instrucciones que yo tengo que rellenar esos espacios. No me gustaría manchar el puzzle, la verdad, pero es una tinta que se puede borrar si me equivoco. Dice el manual que primero tengo que rellenar el objetivo más alto, el que coincide con “aquí quiero llegar”, y después seguir por el más bajo e ir subiendo, y que en cada peldaño, una vez que escriba el objetivo, tengo que pensar despacio si se trata de un objetivo realista o debo buscar uno que lo sea más. Por eso la tinta se puede borrar. ¡Todo está pensado! Jajaja. Ah! y al lado de cada objetivo tengo que poner la fecha en que pienso conseguirlo. Dice el librillo que en el primer y segundo peldaño es conveniente que ponga objetivos que pueda conseguir pronto. Ya veremos cuáles pueden ser…

En la siguiente columna ¿lo estás dibujando? dice, “mi plan”, y allí se supone que debo concretar el plan a seguir para conseguir cada uno de los objetivos. Dice el manual que tiene que ser algo concreto que dependa de mí y, de nuevo, ¡otra vez! que sea realista. Lo de realista puede ser porque son los Reyes, jajaja, no sé, pero la verdad es que tiene sentido. Siempre hago planes grandiosos y luego no los puedo cumplir. A ver si esto de que sea realista, funciona. Jajaja.

Oye, como me estoy enrollando! pero es que estoy fascinado. En la siguiente columna pone algo curioso. “Dificultades que me puedo encontrar” (???). Creía que había que pensar en positivo e ignorar las dificultades, pero aquí se dice que no! Que hay que anticiparlas, ¡fíjate! En cada uno de los peldaños! Y después, en la columna de al lado, hay que pensar y escribir el plan por si esas dificultades ocurren. Jajaja, He pensado que si la selección española de fútbol hubiera hecho esto en el mundial de Brasil, no le habría pillado por sorpresa ir con el marcador en contra, jajaja. Estos Reyes son muy cucos. La verdad es que muchas veces, por no haber anticipado las dificultades cuando estas se han presentado, he abandonado, jajaja. Ahora será diferente. Y la última columna es para poner “objetivo cumplido” cuando consiga el objetivo de cada escalón. ¿Qué te parece?

Termino el email de mi amigo, dibujo incluido, y me doy cuenta de que en España los Reyes Magos están a punto de llegar. ¡Y yo aún tengo que poner el zapato y dejarles turrón y un poco de brandy por si desean reponer fuerzas! Y sobre todo, irme corriendo a la cama para que no me pillen despierto. ¿Me traerán ese maravilloso puzzle?

(Si me traen el libro de Atila el Huno, o uno similar, interpretaré que no me he portado bien este año!). 



Chema Buceta
5-1-2015

@chemabuceta

miércoles, 24 de diciembre de 2014

CUENTO DE NAVIDAD

                                               Lo importante es el abeto, no los adornos


Sucedió en un pueblo de Alemania en la primera década del siglo pasado. Se había anunciado que en diciembre, poco antes de la Navidad, el emperador Guillermo II se detendría allí aprovechando uno de sus viajes. La excepcional visita exigía un recibimiento acorde, y tras largas horas discutiendo qué sería lo mejor, se decidió que, entre otras cosas, había que adornar la plaza principal con un majestuoso árbol de Navidad. Con este motivo, se convocó un concurso en el que cada uno de los barrios y aldeas que conformaban el pueblo participaría con un árbol de su lugar, y el premio sería ¡saludar personalmente al Káiser! Todo un honor. El momento de gloria de sus vidas. Como cabía esperar, el entusiasmo se desbordó. Mujeres y hombres, adultos y niños, dejaron aparte casi todas sus responsabilidades diarias y se pusieron manos a la obra. Había que encontrar y decorar ese árbol maravilloso que les diera la victoria y fuera el orgullo del pueblo.

Como los bosques de aquellos lugares estaban repletos de abetos del Cáucaso, había muchos candidatos hermosos, y elegir entre tantos que reunían tan sobresalientes méritos, fue la primera dificultad. La falta de acuerdo provocó que algunas aldeas no llegaran a tiempo. ¡Increíble! Pero cierto. Cuando se dieron cuenta, se lamentaron profundamente; pero ya era tarde: habían perdido su gran oportunidad por no ser capaces de superar diferencias personales cuya raíz no estaba en el abeto, sino en viejas rencillas y asuntos vecinales que se habían antepuesto al beneficio común.

Finalmente, en la línea de salida del concurso se presentaron diez abetos. Una vez allí, tendrían un día para que sus respectivos aldeanos los adornaran y, después, durante una semana estarían expuestos para que todos pudieran admirarlos y votaran a los que más les gustaran. Cada día, el menos votado quedaría eliminado; y los tres finalistas permanecerían allí hasta que el propio Káiser eligiera al ganador. Bueno… eso era lo que el alcalde y los concejales querían, porque el Emperador de todo esto no sabía nada. La idea era que cuando llegara, se le preguntaría: “Majestad: en vuestro honor hemos colocado aquí estos tres árboles de Navidad, ¿Cuál de ellos os satisface más? Y su respuesta sería definitiva.

El día de los adornos fue muy intenso. Manzanas forradas de papel pintado de diferentes colores, lazos de cintas tintadas de rojo, estrellas brillantes, luces, velas, pequeños muñecos hechos de madera, calcetines muy vistosos y sin remiendos, y paquetes envueltos con encanto que simulaban o contenían regalos fueron colocándose en las ramitas y hojas de los majestuosos abetos de unos seis metros de alto. El desbordado entusiasmo de los participantes les impulsaba a adornar cada espacio, como si se tratara de ver qué árbol tenía más adornos. Algunos abetos comenzaron a quejarse inclinándose hacia los lados y amenazando con caerse para ver si, así, sus ofuscados dueños se daban cuenta; pero… Nada. Poco después de comenzar el concurso, uno de ellos no pudo aguantar el peso y cayó desplomado. El primer eliminado. Otros sobrevivieron, pero cualquiera que los hubiera observado detenidamente, se habría fijado en que los árboles no estaban cómodos con tanto adorno que eclipsaba su belleza natural. 

Curiosamente, había uno que destacaba por lo contrario. Pertenecía a la aldea menos poblada y más pobre, por lo que sus habitantes no disponían de los mismos medios que otras aldeas para adornarlo. Conscientes de sus posibilidades, centraron su esfuerzo en fabricar una estrella muy hermosa que situaron en la copa del árbol, un solo lazo de cordón estrecho justo en el centro, dos manzanas forradas de papel que habían pintado los niños, una a cada lado, y en la base tres velas junto a algunos calcetines que se asomaban desde el tronco. Una decoración demasiado austera que, la mayoría pensó, auguraba que ese árbol tendría un recorrido muy corto. Sin embargo, al terminar cada día, era otro el que quedaba eliminado. No obtenía muchos votos, pero sí los suficientes para continuar en el concurso; y así fue sobreviviendo hasta que quedaron cuatro: la última elección para saber qué árboles tendrían el privilegio de ser los finalistas que admiraría Guillermo II.

La noche anterior, el alcalde y los concejales acordaron que si los aldeanos lo consideraban conveniente, podían retocar los adornos de los cuatro abetos todavía en liza. Nada más saberlo, los dueños de tres de ellos se lanzaron a reponer los adornos que estaban algo deteriorados por la exposición al viento, el rocío y el escaso sol que les había dado, y de paso, añadieron otros nuevos para dotar al árbol de más luminosidad y colorido. Al contrario, los responsables de ese árbol tan austero, quitaron el lazo, las manzanas, los calcetines y las velas, y dejaron únicamente la estrella. Una vez más, sorprendentemente, el abeto sin adornos evitó el último puesto y ¡pasó a la final que decidiría el Káiser!

Llegó el gran día. El sol lo sabía, e hizo un esfuerzo para ausentarse de otros lugares que en esa época le agradaban más, y dar la bienvenida al Emperador en ese perdido pueblo. Allí, desde muy temprano, las calles se abarrotaron de personas sonrientes y al mismo tiempo nerviosas, engalanadas con sus mejores trajes de invierno. Los mercaderes aprovecharon para situar en las aceras sus puestos de salchichas, panes y dulces, así como retratos del emperador y banderas alemanas, al tiempo que voceaban la obligación que todo buen alemán tenía de ondear la enseña negra, blanca y roja (como era entonces) para recibir al Gran Señor. Por supuesto, el alcalde y los concejales lucían sus atuendos más solemnes, y en primera fila también se situaba un héroe de la guerra franco-prusiana, condecorado por Guillermo I, del que todo el pueblo se enorgullecía; claro está, tampoco faltaba la banda de música, que había ensayado hasta la saciedad. Sobre el mediodía, uno de los mozos entró jadeante en la plaza para anunciar de a voz en grito que la comitiva imperial se acercaba. Los aldeanos se apiñaron junto al acordonamiento de las aceras, y sus corazones se sobrecogieron. El mismo Káiser se presentaría en el pueblo en breves instantes para dignificar sus vidas sencillas y fortalecer su sentido de pertenencia a esa gran nación que él lideraba. ¡Todo estaba preparado!

El ruido de los vehículos fue aumentando, y por fin, la comitiva imperial irrumpió en la plaza entre grandes aplausos y eufóricos vítores que Guillermo II respondió saludando. Pero… ¡Oh! Los coches no se detuvieron, y tardaron poco en desaparecer por completo. El silencio más absoluto reemplazó al jolgorio. La decepción en las caras, al contagioso optimismo que estas habían reflejado. ¡Un shock tremendo! Pero de pronto… ¡Oh! El ruido que se había ido difuminando, ahora ¡regresaba! ¡Oh! De nuevo, los estruendosos aplausos y gritos enfervorizados ensordecieron la plaza. El Káiser bajó solemnemente de su coche en cuanto uno de sus ayudantes le abrió la puerta, y tras saludar con la cortesía protocolaria al alcalde, sin dilación le dio la espalda y se dirigió a dónde estaba el abeto sin los adornos. Allí, se petrificó. En silencio, que todos respetaron, permaneció inmóvil observándolo, hasta que cambió de perspectiva y continuó haciéndolo. Y así varias veces más: de un lado, del otro, más lejos, más cerca. Nadie sabía qué miraba, pero era evidente que algo le había impactado.

--- ¿De quién es este abeto tan hermoso? --- por fin, preguntó.

--- De unos aldeanos de este lugar, majestad --- contestó el alcalde --- Y tenemos estos otros dos que…

Sin ni siquiera mirarlo, el Káiser le interrumpió con un gesto inequívoco de su mano derecha.

--- Estos otros árboles son como los demás --- señaló --- Sus adornos son muy bellos, pero no dejan ver su majestuosidad. Sin embargo, este se muestra como es: su ramas, sus hojas, su color, su olor… Su grandeza se aprecia en cada reflejo del sol. ¿Por qué adornarlo artificialmente?  ¿Acaso hay un adorno mejor que su propia esencia? ¿Y qué me decís de la emoción que transmite cuando en lugar de parapetarse tras todas esas manzanas, serpentinas y luces de colores, se abre al viento para fundirse con él? ¡Oh! ¡Y esa estrella! Al ser la única, destaca más: señala el camino a seguir: la naturalidad. Como el ser humano, es el abeto lo que verdaderamente importa; no, sus adornos.

--- Señor, yo…

Volvió a interrumpirlo --- Alcalde, os felicito por tener en este pueblo a personas tan inteligentes que han sabido ver lo que otros, pobres desgraciados que se deslumbran con las luces, los colores y otros detalles superfluos, nunca llegan a ver. Merecéis mi admiración. Y por estar cerca la Navidad, os enviaré mis regalos. Os pido que entreguéis algunos a quienes diseñaron este maravilloso árbol que tanto transmite, y que otros sean repartidos entre los demás ciudadanos, ya que deseo que recuerden este día en que un Emperador alemán detuvo su coche para admirar un sencillo y grandioso abeto.--- Dicho esto, subió al coche y la comitiva partió.

Ni que decir tiene, que todos felicitaron a los aldeanos que habían propuesto ese árbol, y como agradecimiento, les ayudaron a mejorar sus casas, que eran muy pobres, y les llevaron comida para la Navidad. Una semana después, el 25 de diciembre, todas las casas del pueblo amanecieron con regalos sencillos a los que dieron  un enorme valor, algo que nunca había sucedido antes. Desde su mansión del Polo Norte, Santa Claus sonrió:

--- Mi querido Rudolf --- dijo a su reno favorito --- ¡cómo nos hemos divertido con ese disfraz del emperador! Jajaja… Tú estabas genial cómo mariscal de campo, jajaja… Ni siquiera se te notaban los cuernos, jajaja. El próximo año te toca a ti proponerme el disfraz…

Se dice, aunque esto es solo una leyenda, que desde entonces, Papa Noel a menudo se presenta disfrazado para lograr un mayor impacto de sus mensajes de Navidad. ¿Te has dado cuenta ya?

¡Felices fiestas! Y un año 2015 en el que la superficialidad no eclipse lo que verdaderamente importa.

Chema Buceta
24-12-2014

@chemabuceta

martes, 2 de diciembre de 2014

¿ACTUAMOS YA, O ESPERAMOS AL SIGUIENTE MUERTO?

                                         Protagonistas del fútbol que echan balones fuera



La tragedia que ha supuesto la muerte de una persona en Madrid tras una reyerta entre seguidores ultra del Atlético de Madrid y el Deportivo de La Coruña que, según parece, se habían citado para pegarse antes del partido (!!!), ha sido la desgraciada noticia del pasado fin de semana. Desde entonces, son muchos los que se rasgan las vestiduras, buscan culpables y hablan de tomar medidas. ¿De verdad nos sorprende? Las peleas entre grupos ultra no son una novedad, y menos aún el fuego cruzado de graves insultos y amenazas entre los no afines cada vez que coinciden o a través de las redes sociales. Lo que impacta ahora, y es lógico, es el lamentable desenlace de esa brutalidad premeditada, pero son muchos los que pudiendo actuar para prevenir y corregir, prefieren la venda en los ojos o mirar solo de perfil, para no ponerle el cascabel al gato.

En estos días, presidentes, entrenadores, jugadores, periodistas y otros protagonistas del fútbol, se han pronunciado contra esa violencia salvaje que ensucia el espíritu de solidaridad y fair play que es, o debería ser, uno de los pilares básicos del deporte. Muchos han coincidido en echar balones fuera, señalando que no es un problema del fútbol, sino de la sociedad en general.  En parte es cierto: el problema refleja el gran vacío interior de unos individuos desubicados, sin rumbo, que buscan su identidad siendo parte de una tribu de fanáticos en la que se encuentran cómodos.  Allí, dan valor a su existencia compartiendo con sus colegas la defensa irracional de unos colores, el odio al rival y una agresividad exacerbada, propios de quienes necesitan alardear para escapar de sus carencias y proteger así su autoestima, probablemente muy débil bajo ese escudo de macho violento protegido por el grupo.

El fútbol es la excusa, el vehículo que canaliza ese desajuste intelectual, emocional y social de estos delincuentes, pero no por ello está exento de responsabilidad. No es el culpable directo de que los ultras se citen para pegarse y ocurran desgracias como esta, pero sí de cobijar y, sin quererlo, estimular a estos grupos de vándalos. Probablemente, los protagonistas no se dan cuenta, pero a través de las decisiones que adoptan (y no adoptan), determinados comportamientos y las declaraciones que hacen en los medios de comunicación, siembran pequeñas semillas que sumadas a otros ingredientes, pueden constituir el germen de actitudes violentas y acciones salvajes como las que hemos visto esta y otras veces. Pero muchos prefieren no mirar. Echan la culpa al vecino, y en todo caso, entonan un mea culpa discreto y expresan sus buenas intenciones. Pero ahí queda todo. En cuanto escampa la tormenta de la actualidad, pasan la página y se vuelven a poner la venda.

Un claro ejemplo es la ambigüedad que preside la actuación de los clubs respecto a sus grupos ultra. Por un lado, rechazan la violencia y de vez en cuando, hartos de sus reincidencias, expulsan a socios violentos; pero al mismo tiempo, salvo el Barcelona, el Real Madrid y algún otro, siguen permitiendo que existan estos grupos, los protegen y los alimentan. Una doble moral. No quieren problemas con ellos ("me montan un pollo en cualquier momento, quizá sepan dónde vivo, cuál es mi coche, quiénes son mis hijos...") y se justifican alegando que son los hinchas que más animan al equipo. Un club de primera división se echó atrás en la contratación de un entrenador porque recibió presiones de los ultra; esos mismos que el pasado fin de semana en el estadio interrumpieron con sus abucheos el minuto de silencio en memoria de la mujer policía asesinada en un atraco. Y como este, muchos otros casos de sometimiento a los violentos. En lo que respecta al Deportivo, el colmo sería que presionado por esos ultras que tan mal lo representan, se sumara como institución a hacer del delincuente fallecido un mártir, participando en sus “funerales de estado” y permitiendo que, por ejemplo, a partir de ahora se coree su nombre en el minuto del partido que corresponda a la hora de su muerte (!!!). (Espero no dar ideas!)

También hay que mencionar los gestos de aprecio a los ultra de los jugadores. Prefieren no enfrentarse a ellos, ganarse su simpatía con el apoyo simbólico de los saludos, las fotos, los aplausos tras el partido, etc. Como es lógico, no están de acuerdo con su violencia, pero sin querer la potencian con gestos que les conceden tanto protagonismo. Los ultra llegan a creer que forman parte del equipo con una misión específica: la defensa fanática del mismo por cualquier medio. Y deducen que su apoyo es imprescindible; que sin ellos, el equipo se siente desprotegido; que cualquier pelea violenta equivale a la lucha de los jugadores en el campo. ¿Exagerado lo que digo? Puede parecerlo para el lector sensato que lo valora desde su propia perspectiva, pero hay que ponerse en la piel de estos individuos desubicados. Aquí tienen la oportunidad de expresar su frustración, agresividad e identificación con la tribu, amparados en la justificación de una misión que cumplir y el beneplácito que creen tener de los directivos y los jugadores.

En esta misma jornada, un entrenador de primera división, en la rueda de prensa posterior al partido, declaró que “había que ganar por lo civil o lo criminal”.  De toda su intervención, ese fue el corte que los periodistas seleccionaron para sus crónicas. Lo escuché varias veces en la radio y la televisión. Resulta obvio que es una metáfora habitual en el mundo del fútbol, algo que para la mayoría es solo una forma de expresar la necesidad y el deseo de conseguir los tres puntos, pero para los salvajes de los grupos ultra puede ser un germen de violencia futura. Posible interpretación: “Todo vale con tal de ganar; también la violencia; ellos en el campo, nosotros, fuera”. Lo que dice un entrenador, jugador o directivo delante de un micrófono, tiene una enorme repercusión social; y más aún, en quienes con entusiasmo reciben cualquier carnaza que alimente su agresividad. La fama exige asumir la responsabilidad de cuidar bien lo que se dice o escribe, y algunas declaraciones, aún sin mala intención, como es este caso, son muy poco afortunadas.  Se habla en caliente, sin medir las posibles consecuencias; y encima, el “todo vale” con tal de ganar lectores o audiencia, propio de periodistas y medios de comunicación irresponsables que mal utilizan su influencia social, suele acentuar los mensajes que más daño causan. ¿Apología involuntaria de la violencia?

Volviendo a la tragedia de Madrid, lo más urgente es castigar a los responsables directos y ahondar en los errores que hayan podido cometer los clubs y otras instituciones implicadas. Pero lo más importante es que sirva para tomar medidas contundentes que permitan erradicar de una vez a estos grupos de violentos, ya que además de constituir un grave peligro para los ciudadanos y servir de refugio a jóvenes sin rumbo, ensucian el deporte, y eso es algo que no deberíamos permitir si creemos en él como uno de los principales escenarios de la superación humana, la solidaridad y el respeto. Para conseguirlo, no debe temblar la mano a quienes tienen la responsabilidad de las decisiones relevantes: entre ellas, expulsar a estos individuos de los clubs y los estadios y endurecer las leyes para que los delitos de vandalismo sean severamente castigados, al tiempo que se destacan y premian las acciones correctas. Pero además, es el momento de que los protagonistas del fútbol dejen de echar balones fuera y sean más conscientes de la influencia de sus declaraciones y comportamientos, asumiendo la responsabilidad que por su fama y ejemplaridad les corresponde. ¿Actuamos ya, o esperamos al siguiente muerto?


Chema Buceta
2-12-2014

@chemabuceta

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