martes, 10 de noviembre de 2015

¿ENTRENAMOS A LOS PADRES O DEJAMOS QUE LOS ENERGÚMENOS CREZCAN?

                                            Los padres también juegan: ¿Los entrenamos?


El pasado sábado tuvo lugar un hecho trágico. En la ciudad de Oaxaca (México) un entrenador de baloncesto fue asesinado por el padre de una jugadora de once años a la que, al parecer por llegar tarde al partido, aquel no había incluido en el equipo. La decisión provocó que el progenitor (probablemente responsable del retraso de la niña) increpara muy enfadado al entrenador y ambos se enzarzaran en una discusión violenta, hasta que el padre sacó una pistola con la que tras varios disparos mató al profesor. Aunque parezca increíble, por desgracia, es cierto.

En mi último libro “Mi hijo es el mejor, y además es mi hijo” comento muchas situaciones en las que los padres de los deportistas jóvenes actúan inapropiadamente: en los casos más extremos, de manera lamentable; y podría haber mencionado otras muchas que quedaron en el tintero, al igual que otras tantas que los que vivís el deporte de base como entrenadores o padres veis con bastante frecuencia. Algunas han tenido publicidad e incluso sido objeto de reportajes periodísticos por ser muy escandalosas, como las agresiones vergonzosas a árbitros de fútbol que de vez en cuando se producen. Sin embargo, por mucho que hayamos visto o imaginado, jamás pensé que un padre podría asesinar a tiros a un entrenador por no poner a su hijo. ¡Hasta aquí hemos llegado!

Obviamente, es un caso muy extremo, y lo más seguro es que se trate de una persona (el padre) muy desequilibrada; pero debe servir para reflexionar una vez más, y actuar decididamente de una vez por todas, sobre la trascendencia de los padres en el deporte infantil. Estos no son una anécdota aberrante para las charlas de café, ni un mal necesario que hay que evitar con medidas restrictivas o aguantar cuando no queda más remedio, sino parte activa, queramos o no, en el deporte actual, y como tal, se les deben proporcionar los conocimientos y la formación apropiados para que puedan colaborar favorablemente en lugar de restar y causar graves daños. Si los padres también juegan (y nos guste o no, así es), tenemos que entrenarlos para que su rendimiento sea bueno. ¿Lo entendemos por fin, o continuamos negándolo?

A raíz de la luctuosa noticia, he leído comentarios a favor de separar claramente a los padres de la actividad deportiva: “que no pasen de la puerta y nos dejen trabajar en paz”; es decir, que sean los chóferes y los sponsors de los niños (que los traigan/recojan y sobre todo ¡qué paguen!), pero que no se metan en nada. Comprendo el planteamiento, pero no lo comparto. Es una postura cómoda: “ojos que no ven…”, que permite seguir en la zona de confort en lugar de buscar soluciones y desarrollar programas y habilidades eficaces, pero por mucho que se quiera ignorar, la influencia de los padres en sus hijos existe y es muy fuerte, y además es lógico que quieran saber y opinar: ¡son sus hijos! Precisamente por eso, no tenemos que apartarlos sino integrarlos: proporcionarles información sobre el deporte de sus hijos, las características de los deportistas jóvenes y los beneficios/perjuicios que pueden obtener; es necesario involucrarlos, darles su espacio y hacerles ver cómo pueden ayudar. Evidentemente, su función no es la del entrenador, a quien deben respetar sin entrometerse en sus decisiones, pero para conseguir que comprendan a los entrenadores y respeten su ámbito de actuación, hay que educarlos, no ignorarlos.

Ese mismo día, junto a Charly Sainz de Aja, tuve el honor de participar en una actividad organizada por la Asociación de Baloncesto Colegial (ABC) dirigida a directores técnicos de colegios. Allí, entre otros temas, se habló de los padres, y como es lógico salieron esos casos de padres obsesionados, desinformados, sobreprotectores y hasta energúmenos que, seguramente sin quererlo, pensando que hacen lo mejor, y guiados por sus emociones sin control, perjudican a sus hijos y dificultan que el deporte cumpla con sus objetivos formativos. ¿Qué hacemos con esos padres? Me gustó comprobar que son muchos los directores técnicos que ya comprenden que trabajar con los padres no es una pérdida de tiempo, sino una pieza indispensable en cualquier programa de deporte infantil que pretenda ser exitoso. Y no se trata de darles una charla para cumplir, sino de elaborar un programa de actividades específicas para padres a lo largo de la temporada que por supuesto sea razonable y se pueda cumplir (reuniones, talleres, conferencias…),  complementándolo con materiales escritos, audiovisuales u online que contribuyan a sensibilizarlos y formarlos, concretando espacios para que los padres puedan expresar sus dudas, inquietudes y opiniones en privado, y según proceda en cada caso, proporcionándoles la oportunidad de colaborar como voluntarios.

Como sucede en cualquier otro ámbito, por mucho que se haga siempre habrá algunos padres que actúen inapropiadamente, pero se trata de que cada vez sean los menos y más los que colaboren para que el paso de sus hijos por el deporte resulte satisfactorio. Como es evidente, también los entrenadores y los directores técnicos tienen que evolucionar. Estos l﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽nen que evolucionar. Estos de sus hijos por el deporte resulte satisfactorio.  sea razonabletenda ser exitoso.últimos deben asumir la responsabilidad de organizar programas para padres y mantener una comunicación abierta y productiva con ellos, además de seleccionar y orientar a los entrenadores que trabajan con niños y adolescentes para que gestionen la actividad deportiva de la manera adecuada y no actúen caprichosamente. Los entrenadores deben asumir su responsabilidad de educadores y saber que no entrenan a deportistas profesionales, sino a jóvenes a los que deben respetar y formar como personas.

Este debe ser uno de los puntos de encuentro con los padres. Estos deben comprender el valor educativo del deporte y, por tanto, que fomentar la puntualidad es importante, o que estar en el banquillo permite que el hijo aprenda a luchar consigo mismo aceptando que es parte de un equipo y no siempre llueve a gusta de uno, tolerando la adversidad y esforzándose para superarla en lugar de desanimarse. A su vez, los entrenadores deben comprender que los chicos que cumplen con su compromiso de ir a entrenar, ser puntuales y esforzarse, aunque tengan menos talento que otros, merecen competir en los partidos para alimentar su motivación y beneficiarse de las oportunidades formativas que ofrece la competición.

Es evidente que hace falta una buena comunicación fluida entre los padres y los técnicos, y esta no se produce en caliente, sino a través de reuniones tranquilas en las que ambas partes puedan exponer sus puntos de vista. Lamentablemente, en Oaxaca hemos visto que cuando falta esa comunicación las consecuencias pueden ser terribles; y sin llegar a ese extremo, también son negativas siempre que los muchachos salen perjudicados por entrenadores irresponsables e intransigentes y padres desinformados, sobreprotectores y obsesivos que entre sí no conectan. ¿Hacemos algo?  El horrible asesinato de ese entrenador a manos de un padre enfurecido porque su hija no jugaba, debería estimularnos a actuar sin más demora. ¿Entrenamos a los padres, o dejamos que los energúmenos crezcan?


Chema Buceta
10-11-2015

Twitter: @chemabuceta


sábado, 17 de octubre de 2015

PSICOLOGÍA DEL DEPORTE: PREGUNTAS Y RESPUESTAS

                                 Fortalecer el funcionamiento mental pra optimizar el rendimiento






En los próximos días tendrá lugar en Madrid el IX Congreso Hispano-Luso de Psicología del deporte, un gran evento en el que participarán grandes profesionales de Portugal y España. Con este motivo, dedico este artículo a contestar algunas preguntas habituales sobre la Psicología del deporte.


¿Qué es la Psicología del deporte?

Es la aplicación de la Psicología al campo del deporte, siendo sus objetivos principales ayudar a que los deportistas se enganchen al deporte de una manera sana, se esfuercen para superarse, optimicen su rendimiento y puedan alcanzar sus metas.

Cuando se trata de deportistas jóvenes, el objetivo prioritario es contribuir a que el deporte desarrolle valores y habilidades como el compromiso, la disciplina, el respeto, la tolerancia a la frustración, la superación personal, la fortaleza mental  o el trabajo en equipo, de forma que, a través del deporte, los jóvenes sean mejores personas. En la élite, la Psicología permite maximizar el rendimiento de los deportistas.

La Psicología del deporte también se ocupa de optimizar el funcionamientos de los entrenadores, los árbitros, los directivos, los padres de los deportistas y todos cuantos participan en el deporte, de forma que este sea una actividad beneficiosa y cumpla con sus objetivos. En definitiva, en todos los ámbitos del deporte lo psicológico tiene una gran trascendencia, y por tanto, se trata de que la Psicología juegue a favor y no en contra.


¿Cómo influye la Psicología en el éxito deportivo?

El éxito deportivo depende de diversos factores: la preparación física, la técnica, la táctica, la estrategia, la actuación del rival… y por supuesto, la Psicología es uno de ellos. Se suele asumir que en el alto rendimiento, cuando todo lo demás está más o menos al mismo nivel, es la Psicología lo que determina más el resultado final. Por ejemplo, en un partido muy igualado, el deportista que sea capaz de controlar sus nervios, tendrá más posibilidades de ganar que el que no tenga esa capacidad y por tanto sean los nervios los que le controlen a él.

En el entrenamiento, el aspecto más determinante es la motivación. Una motivación alta favorece que los deportistas realicen los esfuerzos necesarios para poder progresar. También la concentración para que aprovechen al máximo el tiempo de entrenamiento. Después, en la competición son clave la autoconfianza, la concentración y el control del estrés, sobre todo en los momentos más críticos. Además, en los deportes de equipo es importante desarrollar una buena cohesión. Los entrenadores pueden aprender a influir favorablemente en la psicología de sus deportistas, y estos pueden desarrollar habilidades psicológicas que los hagan más fuertes mentalmente. En ambos casos, el psicólogo del deporte juega un papel fundamental.


 ¿Qué aspectos psicológicos son importantes en un equipo deportivo?

El aspecto de mayor importancia para conseguir el máximo rendimiento de un equipo es que exista una interdependencia positiva entre lo colectivo y lo individual. Es fundamental que haya un objetivo común claramente definido que sea lo suficientemente atractivo y alcanzable, y que cada jugador perciba que consiguiendo dicho objetivo podrá beneficiar sus intereses individuales. Esta es la base para que exista un proyecto colectivo que involucre a todos, aunando su motivación y su mejor esfuerzo. Otros factores de gran relevancia son que cada deportista conozca lo que se espera de él, asuma su rol y respete el de los compañeros. Asimismo, que los jugadores se sientan escuchados, útiles y valorados y puedan participar en algunas de las decisiones que conciernen al equipo y a sí mismos. El “ordeno y mando” ya no funciona, y una comunicación abierta es fundamental. También lo es potenciar un clima estimulante, emociones positivas comunes y una autoconfianza colectiva, así como concretar y fomentar las conductas de cooperación entre los miembros del equipo y la responsabilidad individual de cada uno de ellos.


¿Cuál es el aspecto más importante cuando un deportista va a competir?

En general, se puede decir que mientras en el entrenamiento es la motivación el aspecto psicológico más importante, en la competición lo es la autoconfianza. Para competir bien, el deportista debe confiar en los recursos de que dispone, tanto antes de comenzar como a lo largo del recorrido, y sobre todo en los momentos más críticos, en los que la autoconfianza resulta decisiva.

La autoconfianza no es creer a ciegas, sino el resultado de un planteamiento realista sobre el que se puede erigir un optimismo razonable. El deportista con autoconfianza conoce cuáles son sus puntos fuertes y sus debilidades, se centra en lo que depende de él, anticipa las dificultades que se podría encontrar para así evitar las sorpresas y se prepara para combatir la adversidad o cualquier situación estresante. La autoconfianza es el mejor antídoto del estrés, y se desarrolla a través de diferentes vías: fundamentalmente, estableciendo objetivos alcanzables, potenciando la percepción de control respecto a las acciones que son necesarias para poder alcanzar tales objetivos, anticipando las posibles dificultades y aprendiendo de las experiencias propias y ajenas para rendir mejor en ocasiones futuras.


¿Es importante la Psicología en el deporte infantil?

El principal objetivo del deporte infantil es formar a los jóvenes a través de la actividad deportiva: Formarlos no solo como deportistas, sino fundamentalmente como personas, ya que aquí el deporte debe ser un instrumento y no un fin. Para que eso suceda, la Psicología juega un papel determinante. Por ejemplo: es importante mantener alta la motivación de los jóvenes por el deporte, ya que sin ella abandonarán o lo harán sin el compromiso necesario para que el deporte sea un instrumento que verdaderamente contribuya a su formación integral. También es clave que a través del deporte, los jóvenes se sientan competentes y desarrollen una fortaleza mental que les haga crecer como personas. La forma en que los entrenadores, directivos y padres gestionan el deporte tiene una gran trascendencia, por lo que conviene que adquieran conocimientos psicológicos y dispongan del asesoramiento de los psicólogos. El deporte, en definitiva, es una poderosa herramienta formativa si se utiliza bien, pero puede ser perjudicial si se usa mal, como sucede en el caso de bastantes chicos que abandonan muy frustrados. La Psicología es clave para que la gestión del deporte resulte beneficiosa.


¿Los entrenadores deportivos tienen que ser psicólogos?

Se dice que los buenos entrenadores son buenos psicólogos, y lo cierto es que una de las principales responsabilidades de un entrenador es influir en el estado mental de sus deportistas para conseguir de ellos el máximo rendimiento. Muchas de las decisiones y acciones de los entrenadores tienen como objetivo impactar en la motivación, la autoconfianza, la concentración, la asimilación de contenidos, el estrés, el estado de ánimo o la cohesión de equipo de los deportistas a su cargo, y de ahí que se diga que tienen que ser buenos psicólogos. Evidentemente, no son psicólogos titulados; pero sí directores de personas que deben incorporar la Psicología a su liderazgo.

Se asume que los conocimientos técnicos de los entrenadores varían poco de unos a otros, siendo la forma en que dirigen a los deportistas para obtener lo mejor de ellos lo que diferencia a los mejores. Conscientes de eso, cada vez son más los entrenadores que más allá de su intuición, se interesan por la Psicología y son asesorados por psicólogos para influir en sus deportistas a través de sus decisiones, charlas, sesiones de video, el propio trabajo en la cancha u otras acciones. Y esto no es incompatible con la función que, paralela y coordinadamente, pueden realizar los psicólogos del deporte. Al contrario, lo más apropiado es que el entrenador y el psicólogo del deporte trabajen en la misma dirección.


¿Qué hace un psicólogo del deporte?

El psicólogo del deporte es un profesional, titulado universitario en Psicología con una especialización en Psicología del deporte,  que se ocupa de aplicar la Psicología al ámbito del deporte. Su trabajo consiste en observar, evaluar, asesorar y entrenar a los protagonistas de la actividad deportiva, tanto a los propios deportistas como a los entrenadores, directivos, árbitros, padres de los deportistas y otros implicados. Para eso, utiliza conocimientos, técnicas e instrumentos desarrollados por la Psicología científica.

No existe un modelo de trabajo único. En ocasiones, los psicólogos se centran más en entrenar a los deportistas para que dominen habilidades que les permitan autorregular su funcionamiento mental, mientras que otras veces se ocupan más de asesorar a los entrenadores o los directivos. La actuación del psicólogo puede formar parte del plan general que siguen los deportistas como un elemento más, o tener lugar cuando surjan situaciones concretas que la hagan necesaria o aconsejable. En cualquier caso, lo importante es que el psicólogo comprenda que está ahí para ayudar a los entrenadores y los deportistas sin ser él el protagonista, que se adapte a las necesidades existentes y a lo que sea viable, y que en definitiva, realice un buen trabajo que beneficie a los deportistas.


Para más información sobre el IX Congreso Hispano-Luso de Psicología del deporte y realizar la inscripción, podéis entrar en www.palestraweb.com y pinchar en el enlace del congreso. Si asistís, allí nos vemos!

Chema Buceta
17-10-2015

Twitter: @chemabuceta

domingo, 27 de septiembre de 2015

LA CULPA ES DEL EMPEDRADO

                                                           ¿El mundo contra mí?


Una vez más, Fernando Alonso echa la culpa  al empedrado; es decir, a causas ajenas a él. Como no conozco el tema a fondo, no puedo valorar hasta qué punto tiene razón, pero es curioso que desde hace algún tiempo suela atribuir sus malos resultados a factores externos. Seguramente, hay mucho de cierto, sobre todo en un deporte en el que la máquina influye tanto, pero ¿él lo hace todo bien? ¿o también hay algo que podría mejorar?

La falta de autocrítica y, como consecuencia de esta, de capacidad para crecer centrándonos en lo que depende de nosotros, no es exclusiva de ejemplos como este, sino que en algún momento está presente en la mayoría de las personas. Nos quejamos de lo externo y nos lamentamos de las adversidades que no podemos controlar, en lugar de analizar de frente lo bueno y lo malo que hacemos y, a partir de ahí, diseñar una estrategia en la que podamos incidir. Evidentemente, existen causas ajenas que no se deben ignorar, y estas pueden tener mucho más peso sobre los resultados que nuestro propio comportamiento, algo que hay que aceptar, pero la única forma de tener alguna probabilidad de superar la adversidad es dedicando nuestra atención y esfuerzo a lo que podemos hacer.

--- Es que fíjate… (bla, bla, bla: la mala suerte; lo mal que lo hacen otros, esto es imposible, sucedió tal contratiempo, no tiene remedio, el mundo está contra mí…) --- me comentaba un amigo insatisfecho con su situación laboral.

--- Bien, no dudo que sea verdad todo eso --- le contesté --- ¿Qué es lo mejor que podrías hacer?

--- ¿Hacer? Creo que nada. Las cosas son así y yo no las puedo cambiar --- respondió.

--- Por lo que me dices, las cosas son así y tú no las puedes cambiar. ¿Qué podrías hacer entonces?

--- Pues irme de la compañía… o aguantar y quedarme.

--- Ajá: irte o quedarte. Si decidieras quedarte, ¿podrías hacer algo para mejorar esa situación? --- insistí.

--- Mira, cambiarlo no puedo, pero tendría que pensar en hacer algo para que no me afecte tanto --- respondió mi amigo tras reflexionar.

Finalmente, la conversación provocó que mi amigo pensara qué podría hacer él, y se le ocurrieron varias ideas que puso en marcha; meses más tarde, me dijo que le iba mucho mejor. 

Es cierto que hay muchas cosas que no dependen de nosotros, pero casi siempre hay más cosas de las que inicialmente pensamos que sí podríamos hacer, bien para modificar o aliviar las situaciones adversas, bien para que no nos afecten negativamente e incluso podamos aprovecharlas como una oportunidad.

El problema, muchas veces, es que nos aferramos a lo más fácil: “la culpa es de otros; no puedo hacer nada”, en lugar de enfrentarnos a una autocrítica constructiva y buscar soluciones que dependan de nosotros. En muchos casos, lo que no podemos controlar eclipsa y nos impide ver lo que podríamos hacer, y la emoción negativa que se desprende de eso favorece la comodidad de los balones fuera y paraliza la búsqueda incómoda de opciones que no son las que en principio más nos gustan. Nos gustaría que las cosas fueran de una determinada manera, pero no lo son; y el sobreesfuerzo de buscar remedios que aparentemente no alcanzan ese listón resulta costoso. Lo más sencillo es asumir que no se puede hacer nada y punto; y si existe una justificación con peso, ¡miel sobre hojuelas!

Todos estamos expuestos a esta trampa mental, pero un síntoma de crecimiento es ser capaces de darnos cuenta y, cuando suceda, reaccionar dándonos una segunda oportunidad de reflexionar. “¿Qué he hecho bien que podría repetir?” “¿Qué he hecho mal que podría mejorar?” “¿Cómo podría mejorarlo?” “¿Qué no depende de mí y por tanto tengo que aceptar?” ¿Qué depende de mí y por tanto puedo poner en práctica?” “¿Cuál podría ser mi mejor plan?” “¿Qué dificultades me podría encontrar?” “Si esas dificultades se presentasen ¿qué podría hacer yo para manejarlas lo mejor posible?”.

Casi siempre se puede hacer algo. Con mayor o menor impacto, pero casi siempre hay algo que ha dependido o depende de nosotros. El talante positivo no consiste en engañarse a uno mismo pensando que todo es posible cuando en muchos casos no lo es, sino en aceptar la realidad y centrarse en lo que depende de nosotros para, en la medida posible, poder cambiarla, minimizar su impacto negativo o aprovecharla a nuestro favor. ¿O le echamos la culpa al empedrado?

Chema Buceta
27-9-2015

Twitter: @chemabuceta

www.psicologiadelcoaching.es

sábado, 29 de agosto de 2015

¿NOS BASTA CON UN AMIGO?

                                                Algunas situaciones nos pueden superar 



En los últimos días, casi ha pasado desapercibido (para lo que suele ser el fútbol), el retorno de Illarramendi a la Real Sociedad. Solo dos años después de ficharlo el Real Madrid por treinta y muchos millones de euros (!), la Real lo ha recuperado por la mitad (!!!). El Madrid le fichó por ser uno de los jugadores jóvenes más brillantes, tal y como había demostrado en su club y en las selecciones nacionales de categorías inferiores. A sus 23 años, se le consideró un futbolista consolidado, llamado a ser el sustituto natural de Xabi Alonso, y se le contrató y recibió como a una estrella que sin duda triunfaría en el equipo blanco.

Sin embargo, nunca llegó a rendir como se esperaba de él, hasta provocar ese reciente viaje de regreso que deportiva y económicamente (excepto para la Real Sociedad) refleja un gran fracaso. Algunos han apuntado que no se le dieron suficientes oportunidades, o que no tuvo la continuidad apropiada para que cogiera confianza. Otros dicen que el desafío le vino grande y no fue capaz de superar el miedo escénico. Por unas causas u otras, pasó sin pena ni gloria, y cuando destacó fue más por sus malas actuaciones que por las buenas.

Sin entrar a valorar lo acertado o no de ese fichaje, lo que confirma este caso es que las habilidades técnicas (aquí, futbolísticas; en otros contextos, las que correspondan), por muy potentes que sean, no garantizan un rendimiento alto. Se puede observar muchas veces tanto en el deporte como en el ámbito laboral, los estudios, las relaciones interpersonales y cualquier otro contexto. Por muchas habilidades que se tengan, si física y mentalmente no se funciona a un buen nivel,  el rendimiento empeora. En el deporte de élite se nota muchísimo, y más en un equipo grande, porque no basta con cumplir o jugar bien de vez en cuando, sino de rendir a un nivel muy alto todos o casi todos los días. Y no hay excusas. Aunque el entrenador no te dé la continuidad que te gustaría, tienes que hacerlo muy bien en el tiempo, poco o mucho, que estés en la cancha. Fuera del deporte, a veces sucede lo mismo: las condiciones ideales no existen: la clave está en adaptarse a las que estén presentes, gusten o no, para poder enfrentarse a los desafíos en las mejores condiciones psicológicas: las que aumentan la probabilidad del éxito.

Para algunas personas, adaptarse a un gran número de situaciones es fácil, aunque ¡ojo!, todos podemos toparnos con alguna situación que en principio nos venga algo grande, y entonces, si queremos gestionarla bien, lo inteligente es contar con ayuda. ¿Nos basta con un amigo? Para otras personas, la adaptación es más difícil, sobre todo cuando  se trata de situaciones de exigencia elevada en las que uno se juega mucho; y más aún, si son muy diferentes a las que se estaba acostumbrado. Este puede ser el caso de Illarramendi. El cambio fue brutal: se le exigió muchísimo, como correspondía al montante de su fichaje y al club en que ahora jugaba; además, no tenía la continuidad de antes; y, seguramente, se sentía obligado a demostrar lo que valía cada vez que salía al campo. No lo hacía bien; recibía críticas que antes no le llegaban; su ansiedad aumentaba; lo hacía peor; se debilitaba su autoconfianza; cada vez contaban menos con él; etc. No es el primer caso, ni será el último; tampoco en otros contextos. Muy posiblemente, los que leáis este artículo conocéis casos similares propios o ajenos.saf cambio brutal, necesitan adantera. ces habr, ue necesitamos ayuda para enfrentarnos a los desaf cambio brutal, necesitan ada

Lo que llama la atención en este caso es que, muy probablemente, a pesar del elevado coste de la operación, este jugador no haya tenido el apoyo profesional que necesitaba para enfrentarse a una situación que le ha venido tan grande. Seguro que ha contado con la ayuda de personas del club para buscar piso, comprar lo que le hiciera falta, arreglar el coche,  atender a su familia y sus amistades, sacar entradas para algún concierto, buscar un peluquero para su perro (si lo tiene) y cualquier otra necesidad material. Si se ayuda a solucionar las necesidades de los jugadores, estos se encuentran más cómodos y pueden centrarse mejor en lo futbolístico, y por eso, los clubes de este nivel ponen a disposición de los futbolistas personas que les resuelven las cosas. Pero ¿es suficiente? También habrá habido personas del club o muy cercanas que habrán animado al futbolista en los malos momentos, y más de una cena habrá caído para intentar aportarle apoyo y confianza. Pero esos remedios caseros propios del amigo, si bien funcionan en algunos casos, suelen ser insuficientes cuando se trata de un problema que necesita atención profesional.

Si hubiera estado mal físicamente, ¿habría bastado con que unos amigos se lo llevaran a la montaña a correr unos kilómetros? ¿o le habrían puesto en manos del preparador físico? Este es un caso claro en el que parece haber faltado el psicólogo del deporte. En un equipo, una de las principales funciones que puede tener un psicólogo es ayudar a los jugadores que afrontan un cambio brutal, de gran exigencia, y necesitan adaptarse y rendir a alto nivel sin que la situación los devore. Illarramendi tenía muchos amigos, pero al parecer, ninguno de ellos era el profesional que necesitaba para gestionar exitosamente una situación que ha acabado con él en este proyecto.

Es evidente, que por bastante menos de los veinte millones que el Madrid ha dilapidado en esta operación, podría haber puesto a disposición del jugador a un psicólogo del deporte. Eso no habría asegurado que el jugador triunfara, como tampoco lo ha asegurado que tuviera un prestigioso entrenador y múltiples especialistas alrededor, pero habría sido mucho más probable. Por muy grandes que seamos, hay momentos en los que necesitamos ayuda psicológica para enfrentarnos a los desafíos que podrían superarnos. Y no somos más débiles por reconocerlo, aceptarlo y ponernos a ello; pero sí más estúpidos por ignorarlo y no poner remedio. ¿Nos basta con un amigo?


Chema Buceta
29-8-2015

Twitter: @chemabuceta