domingo, 6 de abril de 2014

MIS MENSAJES NO IMPACTAN

                                       Es casi inevitable que quien dirige se desgaste y necesite cambiar                       


Hace unas semanas pudimos leer unas declaraciones de Pep Guardiola en las que manifestaba: “me fui del Barca porque ya no podía motivar a mis jugadores”, “si ya no puedes motivar a tus jugadores como entrenador, sabes que ha llegado el momento de marcharte”, “encontré dificultades para motivarme a mí mismo y al equipo”. Unos días más tarde, Iniesta puntualizó: “Nosotros estamos motivados. Es una cuestión suya”.  Declaraciones que destacan un aspecto muy relevante del liderazgo del entrenador (y de cualquier otra persona que dirija un grupo). ¿Mis mensajes impactan?

El entrenador/director necesita tener una gran capacidad de influir en el equipo. No basta decir a los jugadores qué tienen que hacer o darles charlas con contenidos apropiados para motivarlos, encorajinarlos  o insuflarles confianza. Lo verdaderamente importante es que sus mensajes impacten. Y eso es algo que no sólo depende de lo que el entrenador dice, sino, sobre todo, de la capacidad de influencia que tiene. Si su capacidad es grande, impactará con sus mensajes (siempre que sean apropiados) y conseguirá el sobreesfuerzo físico y mental que, en muchos casos, separa el éxito del fracaso. Pero si carece de esa fuerza, podrá acertar en lo que deba decir, pero no obtendrá el mismo impacto y el rendimiento será más bajo. Eso, entre otras cosas, explica que aunque dos entrenadores hagan lo mismo (por ejemplo, la misma charla), lo más probable es que el efecto sea distinto. Y le puede suceder a un mismo entrenador en diferentes momentos: en unos, un impacto favorable; en otros, “¡mis mensajes no impactan!”

La capacidad de influencia de un entrenador está determinada por diversos factores: entre ellos, su personalidad, prestigio y carisma, pero sobre todo, su credibilidad, la conexión emocional con los deportistas y su desgaste. Este último es el que mejor explica las declaraciones de Guardiola. El desgaste del entrenador es casi inevitable. Su método de trabajo, la exigencia continua, la disciplina y el orden que fomenta, los estímulos que utiliza para motivar, desafiar o dar confianza, los conflictos en los que media, las múltiples decisiones que no satisfacen a todos… cuando el que dirige se implica, el mando desgasta. Una de las habilidades más importantes de un entrenador es saber dosificar el ineludible proceso de desgaste. ¿Cómo? Básicamente, determinando sus prioridades y eligiendo bien las batallas en las que necesita quemarse más, al tiempo que en la medida posible, busca las oportunidades para utilizar un estilo de liderazgo más participativo, con más autonomía para los deportistas. En cualquier caso, el paso del tiempo con los mismos deportistas, desgasta; y los mensajes del entrenador ya no impactan tanto.

Guardiola se da cuenta de que ya no puede motivar a sus jugadores. Iniesta señala que es una cuestión suya.  Ambos tienen razón. El entrenador inteligente percibe si sus mensajes impactan o no, si su capacidad de motivar sigue siendo potente o ha perdido fuerza. A mayor desgaste, menor impacto; pero también influye la motivación del propio entrenador. El que no encuentra retos que le motiven a él, es difícil que pueda motivar a sus deportistas. Ocurre también en la empresa y otros ámbitos. Y como en el caso de Pep, suele sucederle a entrenadores/directores que han logrado éxitos importantes con ese mismo equipo. Necesitan cambiar. Hallar nuevos desafíos que les obliguen a salir de su zona de confort; entre ellos, volver a impactar: implantar sus ideas con otro equipo, dejar otra vez su sello, volver a sentir que sus estímulos funcionan, que no son la rutina en la que se han ido convirtiendo con el paso del tiempo junto a los mismos. “¡Mis mensajes impactan de nuevo!”.

Se trata de dos aspectos diferentes que se complementan: la propia motivación de quien dirige, y su desgaste respecto a los que dirige. Conozco a entrenadores/directores muy motivados que, sin embargo, han perdido fuerza y ya no impactan; y el rendimiento del grupo se resiente. De hecho, la motivación del que dirige, mal controlada, puede conducir a un desgaste más rápido. Saber cuando hay que irse, tal y como señala Guardiola, no es fácil. Nos gusta mucho lo que hacemos; nos acostumbramos; nos acomodamos; nos da pereza cambiar; y además, no todos podemos permitirnos cerrar una etapa para cargar las pilas y esperar nuevos proyectos. Aunque a veces quizá podríamos, y sin embargo nos aferramos al puesto aún a costa de ser menos eficaces. ¿Perdemos impacto? ¡Cambio!

Chema Buceta
6-4-2014

twitter: @chemabuceta

2 comentarios:

  1. Cómo explicar entrenadores que llevan muchos años en el puesto con equipos que tienen un buen rendimiento cada año. Ejemplo: Popovic y Spurs.

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  2. Hola ManuramirezN
    En la estadística de lo que sucede, un miembro (p.e. estos entrenadores que citas) no es igual a la estadística total (Como tampoco lo es Guardiola).
    Aunque sólo tomásemos uno de los elementos citados en el texto (personalidad, prestigio, carisma... credibilidad) ya sería suficiente para generar una diferencia sustancial en la relación con el equipo.
    El equipo en conjunto, a su vez, funciona de forma distinta a cómo lo hace cada uno de los jugadores, que a su vez (equipo y jugadores) influyen con su personalidad, prestigio, carisma y credibilidad, sobre el entrenador.
    Nada de lo que he dicho responde a tu pregunta de manera certera, pero si deja intuir una gran dirección con múltiples posibilidades, aunque el resultado se traduzca en 2 opciones finales: funciona o no funciona. Aunque si, además nos preguntamos, ¿Cuánto de bien funciona? podríamos encontrarnos con que el nivel de auto-exigencia, lo que un entrenador, un equipo o un cuerpo directivo considera optimo o excelente, otro lo encuentre mediocre.

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